BUENOS AIRES
Buenos Aires es una bella mujer, pero mal vestida. O
mal peinada. O mal pintada.
Es una pena. «Porque tendría todo para ser linda.»
O mejor el escaparate de una pastelería como se encuentran muchas en las calles del Centro.
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| Escaparate de una pasteleria en una calle del Centro, quizas Lavalle o Reconquista |
La Casa Rosada es delicada, toda de nata cincelada,
imponente sin ser majestuosa.
Es un palacio para una mujer, Evita o Cristina. ¿Republica
de opereta?
Los monumentos conmemorativos también se parecen a los
pasteles argentinos: Han querido hacerlos hermosos y serios y han puesto
demasiado.
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| La Casa Rosada desde Avenida Colon |
LOS PORTEÑOS
Los Porteños están en representación en la calle.
Pasan sin darse prisa porque el tiempo es para todos,
no se necesita ganarlo, se puede, se debe gastarlo. Toman su tiempo para
saludarse, para charlar, para esperar. Delante de los bancos, se ponen en fila
sin atropellarse, sin impacientarse.
En el restaurante también hay que esperar porque el
mozo no ira más de prisa. Los gestos son moderados y las cosas se encadenan
hasta el ritual de la cuenta.
Se la pide, llega y el importe es anunciado en voz
alta. Hay que averiguar, encontrar el cambio. Quizás no lo tienes, el mozo
tampoco. Se va, vuelve. Después tienes que calcular la propina, encontrar otro
cambio, contar de nuevo, y cuando todo está arreglado, puedes marcharte. Sin
darte prisa.
En Argentina, la gente se parece a lo que es realmente:
una ama de casa yendo de compras, un cartonero que escoge la basura, un
empleado o un ejecutivo.
La condición está establecida y no se moverá. ¿Por qué
cambiar? Cuando me asombro de la organización de las actividades de los
cartoneros, Federico me contesta: «Han elegido esta forma de vida.» ¿Hay
fatalismo, dureza, realismo o idealismo en la actitud del joven arquitecto?
Esta aquí para desempeñar el papel que le ha sido atribuido y no lo cambiara.
Al principio, no pienso en preguntarle cuales otras
opciones hubieran podido elegir, según él. Los Argentinos que conozco sin
embargo no tienen sangre india para que corra la resignación y la sumisión
instintivas que les otorgaban los conquistadores.


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