miércoles, 18 de enero de 2023

2014 : VOLVER

 

Volver: Tres años más tarde

 

Volver a la Argentina, aterrizar de nuevo en Buenos Aires era estar seguro sentir una sensación de "déjà vu", de "ya experimentado."

Primero el viaje de ida: las etapas francesas desde la casa hasta el aeropuerto de Roissy, luego un largo vuelo nocturno: una noche incomoda, de vigilia y vago sueño, una mañana extraña. Por ultimo la llegada a Ezeiza, vivida como supuesta: el control de la policía cauteloso y el de la aduana caprichoso.

Un poco de vacilación en el momento de salir. El servicio de transportes de la Tienda León al centro: una hora de viaje, bastante para sorprenderse ante el verde primaveral de la vegetación, inesperado para nosotros que venimos del otoño boreal, y sobre todo los estereotipos de Buenos Aires como una presentación de la ciudad: edificios precarios, barrios variopintos, casas de ladrillo que no fueron y nunca serán enlucidas, viejas camionetas Ford o Dodge, ruido del tráfico. Para compensar, las primeras flores de los jacarandás: de momento sólo unos toques tímidos del azul malva incomparable cuando estalla.

Regresar al hotel Tres Sargentos e instalarse con una facilidad desconcertante. Notar que las calles del barrio, sus tiendas, sus cafés apenas han cambiado. El quiosco conocido siempre está en la esquina de Córdoba con el locutorio al lado.

El kiosco familiar en la esquina Cordoba y Reconquista



¡Bueno! Las muñecas rusas han sido abiertas hasta la última:

El avión para cruzar el Atlántico y cambiar de hemisferio

Ezeiza

Buenos Aires

El barrio de Retiro

El hotel Tres Sargentos

 

Bien alineados, los puntos de referencia están colocados.




Volver a San Telmo

 

El mercado de San Telmo un domingo por la mañana.

El mismo tiempo luminoso que tres años antes en la misma época. (a principios de noviembre.)

A lo largo de Defensa, con su pavimento irregular, sus fachadas destartaladas, los mismos vendedores de recuerdos, cachivaches, ropa, objetos de antigüedades o de segunda mano.

En la esquina de México, el mismo restaurante francés “La Pétanque.” Luego, al final de la calle, la misma plaza Dorrego. La misma muchedumbre, las mismas melodías.

De repente ¡Increíble! ¡Son ellos!  En el mismo lugar, en la misma decoración. La misma pareja de ancianos bailando un tango, como los había visto la primera vez.

“Elegantes y patéticos.” El calificativo que les había atribuido me viene a la mente, la misma emoción se apodera de mí.

“Volver… con la frente marchita…” Nunca para mi la letra de este tango obsesivo ha sido tan bien ilustrada. Están un poco mas marchitos, un poco mas cansados. La señora esta sentada en una silla al borde de la pista de baile, su galán realiza algunos pasos de baile con una joven turista.

Esta vez, echo un billete en el sombrero.




 Tres años mas tarde... los mismos

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