Volver: Tres años más tarde
Volver a la Argentina,
aterrizar de nuevo en Buenos Aires era estar seguro sentir una sensación de
"déjà vu", de "ya experimentado."
Primero el viaje de ida:
las etapas francesas desde la casa hasta el aeropuerto de Roissy, luego un
largo vuelo nocturno: una noche incomoda, de vigilia y vago sueño, una mañana
extraña. Por ultimo la llegada a Ezeiza, vivida como supuesta: el control de la policía
cauteloso y el de la aduana caprichoso.
Un poco de vacilación
en el momento de salir. El servicio de transportes de la Tienda León al centro:
una hora de viaje, bastante para sorprenderse ante el verde primaveral de la vegetación,
inesperado para nosotros que venimos del otoño boreal, y sobre todo los
estereotipos de Buenos Aires como una presentación de la ciudad: edificios
precarios, barrios variopintos, casas de ladrillo que no fueron y nunca serán
enlucidas, viejas camionetas Ford o Dodge, ruido del tráfico. Para compensar,
las primeras flores de los jacarandás: de momento sólo unos toques tímidos del
azul malva incomparable cuando estalla.
Regresar al hotel Tres
Sargentos e instalarse con una facilidad desconcertante. Notar que las calles
del barrio, sus tiendas, sus cafés apenas han cambiado. El quiosco conocido
siempre está en la esquina de Córdoba con el locutorio al lado.
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¡Bueno! Las muñecas
rusas han sido abiertas hasta la última:
El avión para cruzar el
Atlántico y cambiar de hemisferio
Ezeiza
Buenos Aires
El barrio de Retiro
El hotel Tres Sargentos
Bien alineados, los
puntos de referencia están colocados.
Volver
a San Telmo
El mercado de San Telmo
un domingo por la mañana.
El mismo tiempo
luminoso que tres años antes en la misma época. (a principios de noviembre.)
A lo largo de Defensa,
con su pavimento irregular, sus fachadas destartaladas, los mismos vendedores
de recuerdos, cachivaches, ropa, objetos de antigüedades o de segunda mano.
En la esquina de México,
el mismo restaurante francés “La Pétanque.” Luego, al final de la calle, la
misma plaza Dorrego. La misma muchedumbre, las mismas melodías.
De repente ¡Increíble!
¡Son ellos! En el mismo lugar, en la
misma decoración. La misma pareja de ancianos bailando un tango, como los había
visto la primera vez.
“Elegantes y
patéticos.” El calificativo que les había atribuido me viene a la mente, la
misma emoción se apodera de mí.
“Volver… con la frente
marchita…” Nunca para mi la letra de este tango obsesivo ha sido tan bien
ilustrada. Están un poco mas marchitos, un poco mas cansados. La señora esta
sentada en una silla al borde de la pista de baile, su galán realiza algunos
pasos de baile con una joven turista.
Esta vez, echo un
billete en el sombrero.


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