domingo, 29 de enero de 2023

POSTALES DE BUENOS AIRES

 

Reajustarse

 

Como cada vez, al tercer día, te sientes mejor. Los hábitos se recuperan rápidamente. Las medialunas del desayuno, el teclado confuso de la compu pronto se vuelven familiares.

Reajustarse, también es volver en un lugar ya conocido sólo para averiguar si es como te lo recuerdas, para el placer de visitarlo de nuevo.

Decidir por ejemplo de dar un paseo a lo largo del Rio de la Plata. Evaluar más fácilmente el recorrido, la distancia.

Pasear por las dársenas de Puerto Madero, cruzar el barrio de los rascacielos. Llegar a la orilla del rio invadido de cañas que una maquina extraña está segando.


Puerto Madero

La Costanera

Entrar en la Costanera, la reserva ecológica y, mirando atrás, notar que los edificios de vidrio no se reflejan en el rio, pero parecen darlo la espalda desdeñosamente.



 

Disfrutar de la tranquilidad del lugar, de la sombra, del viento ligero.

Aquí Buenos Aires justifica su nombre.


Regresar y volver a ver

 

Volver a ver… gente: Encontrarse casi por azar con Vicky la joven abogada. Almorzar juntos compartiendo una pizza enorme con Hugo y Ariel que se reúnen con nosotros. Retomar la conversación como si tres años no hubieran pasado.

 

Volver a ver… lugares: Dar un largo paseo por el Centro para llegar a la Plaza de Mayo donde todo confluye. La Casa Rosada muestra su fachada de opereta, el Cabildo frente a ella parece reducido. El banco central de la Nación y la Catedral Metropolitana los aplastan con sus columnas enormes, sus peristilos, sus frontispicios.

un rincon de la Plaza de Mayo


el balcon de la Casa Rosada
                                                                                             

Seguir hasta San Telmo para pasar por el Casco Antiguo. Sin el mercado de los domingos el barrio es menos colorido, parece más deteriorado. No quedarse. Volver por la Avenida Colón bordeando el puerto para buscar una calma relativa, o sea ver y oír el tráfico un poco más allá.

Notar que los colectivos abigarrados, dispares, muy numerosos corren sin frenar, que los autos tocan la bocina, que los peatones, apurándose, cruzan las calles extremadamente anchas, como impulsados en un tango que de repente acelera con semicorcheas.


Otros paseos urbanos

 

Caminar por las veredas en Buenos Aires: eso es como constantemente prestar atención a una sucesión de obstáculos. Losas desunidas, zanjas mal llenadas, pozos de visita tapados o sin tapa, diferencias de nivel y por la noche montones de bolsas de basura destripadas porque manipuladas por los cartoneros que trabajan según una organización bien establecida.


una vereda comun 

Mas formalmente, unos equipos de obreros también trabajan, cavando aquí, rellenando allá, en cualquier hora: en 9 de Julio, una obra se pone en marcha a las nueve de la noche.

Pero los Porteños pasan sin darse cuenta de nada, sin parecer incomodos. Tampoco lo son por el ruido infernal del tráfico, ni por el jaleo de la gente en las terrazas de los bares. Aquí no se toma un aperitivo como en Francia, con o sin tapas, pero se reúne para picar, es decir comer cualquier cosa bebiendo cervezas, refrescos, o a veces vino. Especialmente los ejecutivos, vestidos de una camisa blanca o de tono claro, a menudo con una corbata y un pantalón oscuro cayendo sobre los zapatos impecables, atraviesan imperturbablemente este entorno, llevando sus carteras.

 

Recorrer las calles peatonales: Florida la principal o Lavalle por ejemplo, puede ser muy pesado. Cada diez metros, te detiene una persona de pie, inmóvil delante de un escaparate, repitiendo sin cesar y como un autómata: “cambio, cambio, cambio”. O de manera más personal, cantando en dos notas: “Dólares, euros, reales, ¡cambio!”  Se trata de comprar pesos argentinos debajo de la mesa. De hecho, así la tasa es mucho mas interesante que con el curso oficial. Si contestas al ojeador, te lleva en un lugar discreto donde el negocio se pasa sin problema.

Otros, armados con carteles, detectan a los turistas para proponerles un espectáculo (¡Tango Show!) o una excursión. (Tigre…) Intentan hablar inglés, u otro idioma, a veces equivocándose. Un día, como llevo una camiseta marcada con la inscripción “Sao Paulo”, uno cree que soy brasileño y me habla portugués. ¡Me hubiera gustado ser forrado de dinero, como el personaje de la opereta de Offenbach “La Vie Parisienne!”


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