domingo, 29 de enero de 2023

POSTALES DE BUENOS AIRES

 

Reajustarse

 

Como cada vez, al tercer día, te sientes mejor. Los hábitos se recuperan rápidamente. Las medialunas del desayuno, el teclado confuso de la compu pronto se vuelven familiares.

Reajustarse, también es volver en un lugar ya conocido sólo para averiguar si es como te lo recuerdas, para el placer de visitarlo de nuevo.

Decidir por ejemplo de dar un paseo a lo largo del Rio de la Plata. Evaluar más fácilmente el recorrido, la distancia.

Pasear por las dársenas de Puerto Madero, cruzar el barrio de los rascacielos. Llegar a la orilla del rio invadido de cañas que una maquina extraña está segando.


Puerto Madero

La Costanera

Entrar en la Costanera, la reserva ecológica y, mirando atrás, notar que los edificios de vidrio no se reflejan en el rio, pero parecen darlo la espalda desdeñosamente.



 

Disfrutar de la tranquilidad del lugar, de la sombra, del viento ligero.

Aquí Buenos Aires justifica su nombre.


Regresar y volver a ver

 

Volver a ver… gente: Encontrarse casi por azar con Vicky la joven abogada. Almorzar juntos compartiendo una pizza enorme con Hugo y Ariel que se reúnen con nosotros. Retomar la conversación como si tres años no hubieran pasado.

 

Volver a ver… lugares: Dar un largo paseo por el Centro para llegar a la Plaza de Mayo donde todo confluye. La Casa Rosada muestra su fachada de opereta, el Cabildo frente a ella parece reducido. El banco central de la Nación y la Catedral Metropolitana los aplastan con sus columnas enormes, sus peristilos, sus frontispicios.

un rincon de la Plaza de Mayo


el balcon de la Casa Rosada
                                                                                             

Seguir hasta San Telmo para pasar por el Casco Antiguo. Sin el mercado de los domingos el barrio es menos colorido, parece más deteriorado. No quedarse. Volver por la Avenida Colón bordeando el puerto para buscar una calma relativa, o sea ver y oír el tráfico un poco más allá.

Notar que los colectivos abigarrados, dispares, muy numerosos corren sin frenar, que los autos tocan la bocina, que los peatones, apurándose, cruzan las calles extremadamente anchas, como impulsados en un tango que de repente acelera con semicorcheas.


Otros paseos urbanos

 

Caminar por las veredas en Buenos Aires: eso es como constantemente prestar atención a una sucesión de obstáculos. Losas desunidas, zanjas mal llenadas, pozos de visita tapados o sin tapa, diferencias de nivel y por la noche montones de bolsas de basura destripadas porque manipuladas por los cartoneros que trabajan según una organización bien establecida.


una vereda comun 

Mas formalmente, unos equipos de obreros también trabajan, cavando aquí, rellenando allá, en cualquier hora: en 9 de Julio, una obra se pone en marcha a las nueve de la noche.

Pero los Porteños pasan sin darse cuenta de nada, sin parecer incomodos. Tampoco lo son por el ruido infernal del tráfico, ni por el jaleo de la gente en las terrazas de los bares. Aquí no se toma un aperitivo como en Francia, con o sin tapas, pero se reúne para picar, es decir comer cualquier cosa bebiendo cervezas, refrescos, o a veces vino. Especialmente los ejecutivos, vestidos de una camisa blanca o de tono claro, a menudo con una corbata y un pantalón oscuro cayendo sobre los zapatos impecables, atraviesan imperturbablemente este entorno, llevando sus carteras.

 

Recorrer las calles peatonales: Florida la principal o Lavalle por ejemplo, puede ser muy pesado. Cada diez metros, te detiene una persona de pie, inmóvil delante de un escaparate, repitiendo sin cesar y como un autómata: “cambio, cambio, cambio”. O de manera más personal, cantando en dos notas: “Dólares, euros, reales, ¡cambio!”  Se trata de comprar pesos argentinos debajo de la mesa. De hecho, así la tasa es mucho mas interesante que con el curso oficial. Si contestas al ojeador, te lleva en un lugar discreto donde el negocio se pasa sin problema.

Otros, armados con carteles, detectan a los turistas para proponerles un espectáculo (¡Tango Show!) o una excursión. (Tigre…) Intentan hablar inglés, u otro idioma, a veces equivocándose. Un día, como llevo una camiseta marcada con la inscripción “Sao Paulo”, uno cree que soy brasileño y me habla portugués. ¡Me hubiera gustado ser forrado de dinero, como el personaje de la opereta de Offenbach “La Vie Parisienne!”


miércoles, 18 de enero de 2023

2014 : VOLVER

 

Volver: Tres años más tarde

 

Volver a la Argentina, aterrizar de nuevo en Buenos Aires era estar seguro sentir una sensación de "déjà vu", de "ya experimentado."

Primero el viaje de ida: las etapas francesas desde la casa hasta el aeropuerto de Roissy, luego un largo vuelo nocturno: una noche incomoda, de vigilia y vago sueño, una mañana extraña. Por ultimo la llegada a Ezeiza, vivida como supuesta: el control de la policía cauteloso y el de la aduana caprichoso.

Un poco de vacilación en el momento de salir. El servicio de transportes de la Tienda León al centro: una hora de viaje, bastante para sorprenderse ante el verde primaveral de la vegetación, inesperado para nosotros que venimos del otoño boreal, y sobre todo los estereotipos de Buenos Aires como una presentación de la ciudad: edificios precarios, barrios variopintos, casas de ladrillo que no fueron y nunca serán enlucidas, viejas camionetas Ford o Dodge, ruido del tráfico. Para compensar, las primeras flores de los jacarandás: de momento sólo unos toques tímidos del azul malva incomparable cuando estalla.

Regresar al hotel Tres Sargentos e instalarse con una facilidad desconcertante. Notar que las calles del barrio, sus tiendas, sus cafés apenas han cambiado. El quiosco conocido siempre está en la esquina de Córdoba con el locutorio al lado.

El kiosco familiar en la esquina Cordoba y Reconquista



¡Bueno! Las muñecas rusas han sido abiertas hasta la última:

El avión para cruzar el Atlántico y cambiar de hemisferio

Ezeiza

Buenos Aires

El barrio de Retiro

El hotel Tres Sargentos

 

Bien alineados, los puntos de referencia están colocados.




Volver a San Telmo

 

El mercado de San Telmo un domingo por la mañana.

El mismo tiempo luminoso que tres años antes en la misma época. (a principios de noviembre.)

A lo largo de Defensa, con su pavimento irregular, sus fachadas destartaladas, los mismos vendedores de recuerdos, cachivaches, ropa, objetos de antigüedades o de segunda mano.

En la esquina de México, el mismo restaurante francés “La Pétanque.” Luego, al final de la calle, la misma plaza Dorrego. La misma muchedumbre, las mismas melodías.

De repente ¡Increíble! ¡Son ellos!  En el mismo lugar, en la misma decoración. La misma pareja de ancianos bailando un tango, como los había visto la primera vez.

“Elegantes y patéticos.” El calificativo que les había atribuido me viene a la mente, la misma emoción se apodera de mí.

“Volver… con la frente marchita…” Nunca para mi la letra de este tango obsesivo ha sido tan bien ilustrada. Están un poco mas marchitos, un poco mas cansados. La señora esta sentada en una silla al borde de la pista de baile, su galán realiza algunos pasos de baile con una joven turista.

Esta vez, echo un billete en el sombrero.




 Tres años mas tarde... los mismos

viernes, 23 de diciembre de 2022

EN TRANSPORTE PUBLICO

 

TRANSPORTES PÚBLICOS

 

 

Anónimos en los transportes de quienes es bastante fácil y divertido adivinar la nacionalidad. La lengua, si se puede identificarla es el mejor indicio, pero deja unas incertidumbres.

 

Este español sibilante, poco acentuado, blando por supuesto es de América Latina, pero si no es argentino quizás es boliviano, chileno o uruguayo.

El castellano (o español hablado por los nativos de la madre patria) es más articulado, más enérgico y más clásico.

¡Del francés, ni hablar! Si son compatriotas casi todos hablan «agudo» y no es forzosamente agradable escucharlos. (¿Los meridionales como yo viajan menos porque se sienten bien en casa?) A veces un francés un poco raro revela un Belga o un Suizo. Y hasta en el avión El Calafate-Buenos Aires mi vecino canadiense (de Quebec) me gratifica de una charla interesante, pero sin tregua durante más de una hora con todas las entonaciones necesarias.

Brasileños también en Argentina. Bastante numerosos. Estos no se pueden confundirles con otros. Su plática melodiosa y mojada, bien rítmica se lleva a Copacabana.

Y además los otros, mal identificados porque mal conocidos: Ingleses de nativos o de Estadounidenses, inglés-herramienta farfullado, idiomas de Europa de Norte, toda una interferencia. Viajeros venidos de no se sabe dónde, y para quienes se pregunta porque han llegado aquí.

Cada traslado podría procurar un escenario para una película de Claude Lelouch, con sus «flash-back», sus encuentros improbables sus «ojalá» y sus «pero…»

 

ENCUENTROS O COHABITACION FORZADA

 

Estacion de autobuses de Puerto Madryn

En el recorrido de Puerto Madryn a Rio Gallegos (17 horas casi sin pararse) estamos en la planta baja del micro que solo contiene una decena de asientos. Delante de nosotros, dos jóvenes viajan solos; El primero es muy moreno y habla un poco español. Intercambiamos unas palabras, es Israelí. Su vecino es rubio, atlético y anglicista. Aprenderé más tarde que es Australiano.

¿Reservados, tímidos o poco sociables? No hablan mucho. Sino unas frases formales para preguntarme unos datos sobre el viaje. Y aunque están sentados al lado uno de otro y son de la misma edad, tampoco comunican mucho ambos. Como parecen aburrirse, intentan dormir. Sueños más o menos largos entrecortados de momentos de juego en la pantalla o de lectura (en hebreo) para el Israelí. Pero ningún entre los dos está molesto.

 

Mas incomoda es la presencia de dos Alemanas que viajan juntas. Esas señoras de cara poco amable emplean el máximo de espacio posible. Cambian sin cesar de lado para admirar el paisaje o fotografiarlo, o mirar la película exhibida, o recorrer a paso largo el pasillo para estirarse las piernas etc.… Una de las dos cuando consiente en ocupar la butaca suya hace su gimnasia. Sobrealza sus piernas metiéndolas en el respaldo de la butaca de delante y las mueve en todos sentidos…

Habrá que sufrir su agitación hasta la llegada. Menos mal que en Rio Gallegos nuestras rutas se separen y sin embargo no las encontraremos nunca más!

 

Mas chocante es el encuentro con Cristian el «auxilio» que la compañía Andesmar emplea para que atienda a los pasajeros. Está encargado entre otras cosas de servir las comidas.

Este hombre todavía joven se encarga «a la argentina»: sin darse prisa, sin descontento ni entusiasmo aparentes. Es tranquilo, amable pero un poco desengañado. Parece a Rafael Ibáñez (un rugbier francés de origen española.)  Como rechazo la copa de Sprite que propone de oficio, me pregunta si me gusta más el vino, va a buscarme una botella, me sirve dos veces con un chiste. Nos ponemos a platicar. Después de un momento me pregunta de dónde soy. Me confía que sueña con venir al sur de Francia para jugar al rugby y ser contratado por un equipo como profesional, por ejemplo en Toulouse! Pues entiendo que Cristian sueña una vida mejor, que su empleo no le conviene y que se ahoga un poco en los pasillos estrechos de los micros Andesmar haciendo circular las bandejas. Luego le incito para que venga darse cuenta sobre el terreno: «Ahorra para hacer el viaje!» Es su intención. Planea realizarla dentro de dos años. Intercambiamos nuestros correos electrónicos. Uno nunca sabe…

 

También habrá la acogida cordial de Marcelo en Puerto Madryn, la de Javier en El Calafate muy atrayente, las explicaciones pormenorizadas de Noemi con quien visitamos la Península Valdés, la sonrisa tímida de la empleada en el albergue Lago Argentino, y los demás…

Encuentros de unos minutos, unas horas, unas frases o unas sonrisas…

 

Noemi, Javier, Marcelo, Cristian... sois los habitantes de mi Patagonia.

 

viernes, 9 de diciembre de 2022

BUENOS AIRES Y LOS PORTEÑOS

 

BUENOS AIRES

 

 

Buenos Aires es una bella mujer, pero mal vestida. O mal peinada. O mal pintada.

Es una pena. «Porque tendría todo para ser linda.»

 Buenos Aires es azul y rosa, de matices claros y puros. El cielo de noviembre es del mismo azul que las fajas de las banderas que flotan en el viento liviano. Las siluetas delicadas de los jacarandas destacan su corteza casi negra sobre el rosa de las paredes para estallar en cornetas lavanda.

 Buenos Aires tiene ladrillos rosas y polvo fino en el aire seco como en Toulouse algunos días de verano. Como en Toulouse, se anda en las aceras reventadas por los tubos de gas y, como en Toulouse, España empuja un poco su cuerna.

 Las terrazas de los bares son animadas, numerosas y acogedoras. Las salas sombrías con la barra lustrosa zumban como colmenas por el vaivén de los mozos, por el sonido de las teles, por las charlas de los clientes.

 Buenos Aires a pesar de sus rascacielos de vidrio no es Big Apple, no es una manzana, es un pastel grueso.

O mejor el escaparate de una pastelería como se encuentran muchas en las calles del Centro.


Escaparate de una pasteleria en una calle del Centro, quizas Lavalle o Reconquista


La Casa Rosada es delicada, toda de nata cincelada, imponente sin ser majestuosa.

Es un palacio para una mujer, Evita o Cristina. ¿Republica de opereta?

Los monumentos conmemorativos también se parecen a los pasteles argentinos: Han querido hacerlos hermosos y serios y han puesto demasiado.

La Casa Rosada desde  Avenida Colon



LOS PORTEÑOS

 

 

 

Los Porteños están en representación en la calle.

Pasan sin darse prisa porque el tiempo es para todos, no se necesita ganarlo, se puede, se debe gastarlo. Toman su tiempo para saludarse, para charlar, para esperar. Delante de los bancos, se ponen en fila sin atropellarse, sin impacientarse.

En el restaurante también hay que esperar porque el mozo no ira más de prisa. Los gestos son moderados y las cosas se encadenan hasta el ritual de la cuenta.

Se la pide, llega y el importe es anunciado en voz alta. Hay que averiguar, encontrar el cambio. Quizás no lo tienes, el mozo tampoco. Se va, vuelve. Después tienes que calcular la propina, encontrar otro cambio, contar de nuevo, y cuando todo está arreglado, puedes marcharte. Sin darte prisa.

 

En Argentina, la gente se parece a lo que es realmente: una ama de casa yendo de compras, un cartonero que escoge la basura, un empleado o un ejecutivo.

La condición está establecida y no se moverá. ¿Por qué cambiar? Cuando me asombro de la organización de las actividades de los cartoneros, Federico me contesta: «Han elegido esta forma de vida.» ¿Hay fatalismo, dureza, realismo o idealismo en la actitud del joven arquitecto? Esta aquí para desempeñar el papel que le ha sido atribuido y no lo cambiara.

Al principio, no pienso en preguntarle cuales otras opciones hubieran podido elegir, según él. Los Argentinos que conozco sin embargo no tienen sangre india para que corra la resignación y la sumisión instintivas que les otorgaban los conquistadores.

Todos son de origen europeo, la mayoría española o italiana. Sombríos de pelo y de piel, y de dientes blancos, el arquetipo del Latino: Por supuesto seductores, amables, cálidos. El tuteo esta generalizado, así como el uso del nombre de pila. En cuando nos conocemos, la familiaridad se establece, pero conservando los códigos de la cortesía y de los usos sociales. Y para saludarse el tradicional abrazo con un solo beso. Tantas veces como nos vemos en un solo día.

sábado, 3 de diciembre de 2022

RECUERDO

 

RECUERDO

 

Cuando regresé de mi primera estadía en Argentina, publiqué este pequeño texto en el foro del grupo Re-Viven para agradecer a los que había conocido.

 

Don’t cry for me Argentinos!

 

Porque regresé a casa muy feliz

 

Recuerdo…

El azul del cielo de Buenos Aires y de las flores de jacarandás

El descubrimiento de la Patagonia, sus horizontes, las ballenas en Puerto Madryn y la contemplación del Perito Moreno en su esplendor.

Recuerdo… la pregunta de Ximena: ¿Porque elegiste este destino? La respuesta adecuada habría sido: «hacer realidad mi sueño»: ¡hecho!

Recuerdo también el privilegio de haber sido invitado por Pedro a su casa: otro sueño cumplido.

Recuerdo sobre todo mis reuniones con estos "locos" de Re-Viven que me recibieron con mucha calidez y lo buenos momentos que pasamos juntos.

Yo recuerdo…

La serenidad de la familia Nastasi: ¿A quién no le gustaría ser parte de esta familia?

Los chistes que nos contábamos con Juan Manuel

Las contundentes preguntas de Ximena

La brillante sonrisa de Isabel (y sus pasteles)

El «saber escuchar» de Alexis

La espontaneidad de Ana

Las historias de Javier y las risas compartidas

La fuerza tranquila de Joaquín

El dinamismo de Vicky

La soltura de Federico

La larga conversación con Darío el buen tipo

Y de Ariel, Hugo y Mirian, que nos atendieron como si fuéramos VIP… ¡ni hablar!

Cristina se une a mi para mandarles mucho cariño.

Y a los Re-Viven que ya no conozco y tengo ganas de conocer… ¡hasta luego !



Reunion Re-Viven ! en lo de Ana en Bs As

de izquierda a derecha : Alexis, Ariel, Ana, Isabel, Sofi, Cristina, Yo, Javier, Hugo, Joaquin

martes, 29 de noviembre de 2022

DE LO VIRTUAL A LO REAL EN TREINTA Y SIETE AÑOS

 

De lo virtual a lo real en treinta y siete años
(Enero de 1973 - Junio de 2010)

 

18 años : despreocupado


Enero de 1973:
Tengo dieciocho años y unos meses. No me preocupo demasiado por mi futuro, que parece trazado: acabo de ingresar en la Escuela de Maestros de Mérignac, que no me pide grandes esfuerzos, sino que me concede una beca para estudiar allí.

Despreocupado y bastante superficial, pienso más que nada en disfrutar de mi nueva libertad: salir y divertirme. Después de una adolescencia aburrida y solitaria, empiezo a sentir ganas de ir más lejos, porque casi nunca he salido del suroeste de Francia. Pero por ahora mis viajes son virtuales. Escucho L'Amérique, de Joe Dassin en el tocadiscos, más que nada para aprender a bailar el rock y divertirme en las fiestas.

Del mundo sólo conozco los nombres de los océanos, los contornos de los continentes y las fronteras de los países en los Atlas, que hojeo todo el tiempo y con los que sueño durante tantas horas. ¿Destinos improbables y que me tientan a esa edad? África del Norte y el Sahara, por ejemplo. O Australia... pero especialmente Sudamérica.

Mi atención en ese tiempo está puesta en esta tierra que termina en forma de punta, cerca del Polo Sur. Me atraen su lejanía y la idea de que allí está el fin del mundo. También me atraen los relatos de mi abuelo que, durante el servicio militar se subió a un barco de vela y vapor. Él siempre me contaba de su paso por el Cabo de Hornos y de su llegada a Valparaíso, en Chile.

Me gustan los Atlas. También me atraen los libros de historia y los relatos de viajes. Un día encontré en la biblioteca de la escuela un libro titulado La edad de los descubrimientos. Lo supe desde el primer momento: no iba a devolverlo, porque esa obra alimentaba mis sueños de escapar de Francia. Y así es como Cristóbal Colón terminó convirtiéndose en uno de mis héroes favoritos.

En enero de 1973, hojeando un ejemplar de la famosa revista francesa Paris Match, descubro el relato de los "Náufragos de los Andes". Había oído en la radio hablar sobre esta historia, pero el título del artículo llama mi atención y no puedo evitar de hacer analogías. Náufragos: mar, barco... ¡abuelo! Los Andes: Sudamérica... ¡abuelo! De pronto me veo leyendo absolutamente impresionado. Me pregunto: los Sobrevivientes tienen más o menos mi edad, ¿cómo me habría comportado si me hubiese enfrentado a esa situación? Es una pregunta que jamás tuvo respuestas.

Años 80: De paso por la casa de mis suegros para almorzar, un domingo descubro un libro sobre la mesa. La foto de portada mostraba el fuselaje de un avión encallado en la nieve, delante del cual aparecían sentados varios jóvenes. En rojo, sobre un fondo claro, leo el título: Los Sobrevivientes. Observo con curiosidad el ejemplar y en ese momento mi suegra me dirige la palabra:

—¿Sabes? Es la historia de unos rugbiers uruguayos que cayeron en la montaña y sobrevivieron. Ya leí el libro. Puedes llevártelo.

Sí, me recuerda a algo —le respondo—. Voy a leerlo. Gracias.

 

Esa misma noche comencé su lectura. Me costó cerrarlo antes de que me gane el sueño, porque pude meterme en una historia que me resultaba inverosímil.

Cuando terminé de leerlo, dos o tres días después, ya había memorizado la cronología de los hechos. Además, ya conocía los nombres de los protagonistas. Ya no los iba a olvidar.

Años 90: He releído el libro varias veces. Memorizo más detalles y me apodero de la historia cada vez que vuelvo a leerlo. Y lo más importante: en cada lectura encuentro algo que vuelve a ser motivo de reflexión y optimismo. No obstante, no quiero saber nada más. No me imagino que esta historia pueda continuar con sus "héroes involuntarios", no me pregunto en lo que se han convertido. Es como si todo estuviera congelado en el pasado.

Un domingo por la noche la televisión francesa propone Los Supervivientes. ¿Será una película basada en el libro que tanto me había impactado? La casa está tranquila, y entonces me acomodo frente a la tele. Efectivamente, solo tardo unos minutos en darme cuenta de que se trata de una adaptación estadounidense bastante fiel del libro Alive, de Piers Paul Read. Reconozco en imágenes una historia que ya conocía muy bien y me sumerjo en la pantalla.

Década del 2000: Todo se acelera gracias a Internet. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? En 2006, después de la enésima lectura de Los Sobrevivientes, surge la idea de buscar información en Google. Así logro dar con una página web oficial dedicada a la historia: viven.com.uy De hecho, descubro en Internet otras páginas sobre el tema, pero la más completa, la mejor construida y documentada es la oficial, que está hecha con mucha información generada por un joven argentino llamado Alexis Scarantino.

Incluso, descubro a través esa web que podíamos enviarle un mensaje a los Sobrevivientes. ¡Nunca imaginé que eso podía ser posible! Decido entonces escribirle a Roberto Canessa, uno de los protagonistas, que siempre me había impresionado por su valentía y sus capacidades de supervivencia en la montaña.

"Querido Roberto: me llamo Armand y soy francés. Acabo de visitar la página web viven.com.uy. Te escribo porque he leído tu nombre tantas veces en la prensa, en el libro de Piers Paul Read (que, por cierto, lo he leído varias veces), y ahora también en la web, que me parece que te conozco desde hace mucho tiempo. Tenía 18 años en 1972. Me permito tutearte porque somos de la misma generación. En ese momento la vida me parecía fácil y yo era una persona despreocupada. Pero he aprendido, como dices, que "cada uno tiene su propia cordillera". Cuando tengo una inquietud o un malestar, pienso en ti y en tus compañeros. Lo que les ha pasado en los Andes y lo que habéis hecho ha sido una lección para toda mi vida. Vuestra historia me da coraje. Gracias a ustedes creo que con amor, fe y voluntad se puede resolver cualquier problema. Lamento estar tan lejos, pero te mando un saludo amistoso desde Francia. ¿Quizás algún día nos encontremos en algún lugar? Con admiración y respeto, Armand".

Roberto me responde rápidamente, en francés: "Cher Armand, merci beaucoup pour ton mail, mon français non e bon mais comme it un bon ami: je parle un français enthousiaste" (Querido Armand, muchas gracias por su correo, mi francés no es bueno, pero sólo como dice un buen amigo: hablo un francés entusiasta. Luego continúa en español: "Este amigo uruguayo vive en París y está preparando un documental sobre el accidente de los Andes. Nací el 17 de enero de 1953. Es cierto que somos de la misma época. ¿Tienes alguna conexión con el mundo del rugby? Te saludo, Roberto Canessa".

Suelo visitar muy seguido el sitio www.viven.com.uy. En 2007 vi allí una gran noticia: el documental de Gonzalo Arijón estaba listo. Su título en inglés era Stranded y en español Vengo de un avión que cayó en las montañas. Tuve suerte: un año después, en 2008, la cadena Arte lo difunde en Francia. Lo miro y lo grabo en mi videograbadora. Descubro que el documental es una mezcla de imágenes de archivo y entrevistas exclusivas, con muchos testimonios de los Sobrevivientes.

Ese mismo año, en el sitio que visito de vez en cuando, aparece un nuevo enlace: "Ir al blog de Pedro Algorta". Pedro es otro de los dieciséis Sobrevivientes de los Andes. No sé por qué, pero por él siento más empatía que por el resto de sus compañeros. Tal vez sea porque me identifico con la actitud que tuvo en la montaña: yo también suelo participar en determinadas situaciones, pero siempre mantengo una distancia.

En ese tiempo, Pedro presentaba su blog en Internet de la siguiente manera: "Tuve un accidente de avión en los Andes hace 36 años. Recién ahora empiezo a hablar sobre el tema. Arranqué a caminar. Y estos son mis pensamientos, mientras camino". En efecto, en el espacio Pedro comentaba su actualidad, conectándola con el pasado. Como sus seguidores podían escribirle y comentar, me atrevo a hacerlo. En realidad, busqué una excusa para ponerme en contacto con él. Y le escribo lo mismo que a Roberto, porque mis pensamientos fueron siempre los mismos:

"Buenos días, Pedro. Me llamo Armand y soy francés [...] Hace unos días vi el documental Stranded en la televisión francesa. Cada línea y cada imagen me conmovieron. Pienso en ti y en tus compañeros cuando tengo un problema. Vuestra historia me da coraje y me ayuda a resolverlos. Por lo que he leído en varios sitios, eso mismo le ocurre a muchas personas en todo el mundo. Elegí escribirte porque me gusta el estilo de tu blog. Lo noto sincero y reflexivo. Lamento mucho estar tan lejos, porque me gustaría asistir a una conferencia tuya. Si alguna vez tengo esa oportunidad, sin lugar a dudas ese día será muy importante para mí. A partir de hoy seguiré leyendo tu blog y te agradezco la ayuda moral que nos brindas. Sinceramente, Armand".

 

Para mi sorpresa, Pedro me responde por correo electrónico, dándome las gracias por haberle escrito y diciéndome que ha incluido mi comentario en su blog. ¡No lo puedo creer!

En el sitio www.viven.com.uy encontré otros enlaces, incluyendo un foro de discusión en MSN, animado por Alexis Scarantino. Sus miembros formaban parte de un grupo llamado "Re-Viven!". Todo estaba escrito en español, pero afortunadamente eso no fue un obstáculo. Leo y leo. Entiendo un poco lo que está pasando. Entre los participantes hacen preguntas, intercambian informaciones y fotografías. También se comenta la actualidad de los Sobrevivientes... ¡Sus vidas continúan, me doy cuenta! En ese foro también la gente se interesa por lo que ellos hacen y por lo que se convirtieron con el correr de los años. ¡No soy el único interesado en el tema, y por más que viva lejos de allí!

Un día decido entrar al foro y me presento. Entre los miembros más activos hay un tal Hugo Igenes y un Ariel Osvaldo Torres, ambos argentinos, que noto están bastante informados (en realidad, Hugo es de nacionalidad uruguaya, pero como vive en Buenos Aires pienso que es argentino). Les escribo y ambos me responden. Siento de entrada onda muy especial con estos dos integrantes.

Nuestros intercambios toman rápidamente un giro personal. En lugar de usar el foro, a veces nos comunicábamos por correo electrónico. Eso permitió que podamos conocemos mejor.

Junio 2010: Ariel Torres me informa que va a venir a Europa de vacaciones. Viene a visitar a un amigo uruguayo que vive en Barcelona. También va a asistir a un concierto del grupo Kiss en Vitoria-Gasteiz, en el País Vasco. Ariel es un gran fanático de Kiss y el hard rock, pero también le encanta el turismo. Antes de su viaje me comenta que quiere aprovechar la ocasión para visitar Bilbao, y así surge la posibilidad de vernos.

Me gusta la idea. Es una ocasión única: Bilbao no está tan lejos de mi ciudad, conozco bien el País Vasco, las fechas son compatibles... No tardamos demasiado acordar que nos reuniríamos en Bilbao el fin de semana del 26 y 27 de junio.

El sábado 26 parto en auto desde mi ciudad hacia el País Vasco. Fue un día después de la fiesta de fin de curso de mi escuela. La noche anterior me había acostado tarde, pero esa mañana me sentía dinámico. Por la tarde llego al hotel donde Ariel se aloja. Estoy impaciente. No estoy preocupado, pero... ¿cómo decirlo? Me siento un poco como en una primera cita de enamorados. Le pregunto al recepcionista por mi amigo y me informa que "el señor Torres ha salido a hacer una compra y no tardará". Decido esperarlo en el vestíbulo. No por mucho tiempo, porque apenas unos minutos después aparece una silueta atravesando el umbral de la puerta. Definitivamente es él. Nos abrazamos a la argentina: con un fuerte apretón. Y los nervios desaparecieron enseguida. Ariel se muestra amable y atento; pide disculpas por haber salido a comprar pilas para su cámara fotográfica. Me pregunta si tuve un buen viaje, si estoy cansado, o si prefiero descansar o ducharme. Pregunta también si quiero comer o beber algo… ¡Pero no! No hay tiempo que perder. Tenemos mucho para hablar. Salimos a charlar mientras caminábamos por la ciudad. Ariel había asistido al concierto de Kiss la noche anterior, pero estaba muy animado por conocer Bilbao. Lo guío de un lugar a otro. Vamos al Museo Guggenheim, al funicular, cruzamos puentes, recorremos calles y plazas. Mi amigo no deja de repetir: "Me encanta Bilbao". Por la noche vamos a un restaurante en Getxo a cenar y beber sidra. Y como dos viejos amigos que no se han visto desde hace mucho tiempo, hablamos de todo: de los Sobrevivientes y de Re-viven, pero especialmente hablamos sobre nosotros y de lo que nos gusta. Todo se encadena a la perfección hasta el domingo, cuando subimos bien temprano a mi auto y recorrimos Getxo, Gernica, algunos paisajes de la Costa Cantábrica y la bonita ciudad de San Sebastián.

Ese domingo 27 de junio para mí era tiempo de volver a casa, porque debía trabajar en la mañana siguiente. Para Ariel era un día especial: quería llegar a tiempo a Bilbao para ver un partido de su Selección de fútbol, que estaba disputando el Mundial de Sudáfrica 2010. Ariel tiene muchas pasiones, pero hay dos que no compartimos: el rock y el fútbol. ¡Sin embargo nos llevamos muy bien! Para mí, que a veces soy presa de la duda, aquí tengo un ejemplo que refuerza una teoría: con mis amigos, lo que nos une es mucho más fuerte que lo que nos separa.

La separación en la terminal de autobuses de San Sebastián es simple y rápida. Escondo mi emoción, aunque todavía estoy en un estado de euforia. De camino a casa, mientras conduzco por la carretera que me devuelve a Francia, recuerdo nuestras conversaciones y sonrío. ¡Tengo un amigo argentino! ¡Hice una conexión con la historia de los Sobrevivientes de los Andes! Sostengo la punta de un hilo que, a partir de ahora, comenzaré a desenrollar. Pasé de lo virtual a lo real. Sí. Tomó su tiempo, pero no fue más complicado que eso.

Ariel y yo en las alturas de Bilbao


 

 

 

 

 

 

 

UNOS DIAS EN URUGUAY

  Unos días en Uruguay   Ir a Uruguay es un poco como volver al pasado. En este pequeño país cuya decoración a menudo anticuada evoca ma...