lunes, 15 de mayo de 2023
IREMOS A VALPARAISO
jueves, 6 de abril de 2023
A CHILE
Cruzar la frontera argentino-chilena

Cruce fronterizo Argentino-Chileno en el corazon de los Andes
Salir de Mendoza. Tomar
un autobús Andesmar, disfrutar de sus comodidades: asiento anchos y suaves,
vista panorámica, azafato.
A poco de la salida de
la ciudad, acercarse a las montañas. Reconocer el Aconcagua cubierto de nieve.
Subir hasta el puerto donde se encuentra el puesto fronterizo.
Realizar los trámites
esperando en la fila a las taquillas de la policía, de la aduana. Volver al
autobús y empezar el descenso por una carretera muy sinuosa y vertiginosa.
Seguir la orilla del torrente de aguas fangosas, luego llegar al valle alargado
donde el paisaje se vuelve menos mineral.
Entrar paulatinamente
en la capital cruzando los paisajes clásicos de todas las grandes metrópolis:
autopista congestionada, zonas industriales o comerciales. Llegar a la terminal
de autobuses recalentada, ruidosa, abarrotada.
Encontrar un taxi, tránsito
una y otra vez. Irse a un hotel,
deshacer las valijas, informarse: cumplir los mismos ritos en cada etapa. Luego
partir a descubrir el barrio: Cruzar la Alameda, la calle más grande de la
capital, a las dimensiones… americanas. Saludar, de paso, la estatua ecuestre
del libertador nacional, Bernardo O’Higgins.
La muchedumbre, el tráfico,
un puente sobre el rio Mapocho que corriendo atraviesa la ciudad, recordando
que los Andes cuyas cumbres se perciben están cercanas.
La noche desciende
sobre Santiago, se encienden las luces.
La hospitalidad a la chilena I
Gustavo vive cerca de Valparaíso.
Gracias a la página Facebook del grupo Re-Viven del que forma parte como yo, se
enteró de mi proyecto de visitar su ciudad. Pues se pone en contacto conmigo
para proponerme ser nuestra guía.
Hoy jubilado de la FACH
(Fuerza Aérea Chilena), fue en 1973, a los veinticuatro años, copiloto del
helicóptero que fue al lugar del accidente para recuperar el grupo de personas
encargado de limpiar el sitio y enterrar los restos humanos. Más de cuarenta
años han pasado pero los recuerdos que Gustavo evoca con moderación y emoción
son precisos y vivaces.
Primero nos encontramos
en nuestro hotel. Gustavo es alegre, atento, y proporciona datos precisos para
que nos reunamos por la mañana siguiente en Quilpué, donde vive.
Efectivamente, a la
hora fijada, nos espera en la parada de autobuses y nos lleva en su auto. Se
nota inmediatamente que lo organizó todo y que va a hacer todo lo posible para
que pasemos un gran día.
Primera etapa en su
casa donde nos espera un desayuno:café, té, mermelada casera, ensalada de fruta
fresca… Luego nos enseña su casa. Hoy, está solo. Su esposa María Luz cuida a
sus nietos en Santiago. La vivienda parece de los años setenta: techo plano,
marcos metálicos. Es acogedora, llena de recuerdos de todos tipos, de fotos
familiares. Cada objeto – o casi- da lugar a una anécdota, una explicación que
escuchamos complacientemente. Testigos de una vida que se cuenta así, ni
extraordinaria ni común, con sus imprevistos, sus obstáculos y sus
gratificaciones.
Luego las etapas se encadenan:
el paseo marítimo, la casa de Pablo Neruda en las alturas de la ciudad, los
miradores sobre la bahía, los ascensores, el almuerzo tardío, abundante,
amigable, muy rico.
![]() |
| Con Gustavo frente a la casa de Pablo Neruda |
Brindamos por el
encuentro, por la amistad… con un Pisco sour, el aperitivo nacional. Después,
un paseo para digerir. La playa, los pies en la arena y en el agua fresca del
Pacifico.
Ultima atención:
Gustavo nos regala un helado, diciendo: “Siempre hay lugar para el postre.” Y a
fines de la tarde nos despedimos en la terminal de autobuses de donde volvemos
a Santiago porque el día no ha terminado. Un segundo episodio de la
hospitalidad a la chilena nos espera.
jueves, 9 de marzo de 2023
A LOS ANDES
Realizar excursiones
Rolland es francés y vive en Salta donde pasea a turistas en su 4X4. Lo elegimos como guía, solo para nosotros por dos días. Nos preparó un “tour” en las provincias de Salta y Jujuy, en los confines de Bolivia. Palabras como selva, puna, quebrada, salar… se harán tangibles.
En el camino: paradas, visitas… Descubrimos, nos extasiamos. Los paisajes son grandiosos, con bellas panorámicas, detalles interesantes.
Hay que saber observar,
formular hipótesis, movilizar sus conocimientos para interpretar: un enfoque
aprendido y enseñado en la escuela pero aquí adoptado deliberadamente :
detenerse en lo nuevo, en lo que sorprende o divierte, sin priorizar el interés
de las esferas de conocimiento, pasar de la botánica a la economía, luego a la
geología…
¡No viajar tonto!
Salta… ¿la linda?
Salta, el calificativo
que te dimos ya no es actualidad.
Prima hermana
provincial de Buenos Aires, pareces una mujer que se deja llevar, como en la
canción de Charles Aznavour.
Queremos decirte
nuestra decepción, nuestro desamor.
Despeinada (tus cables
eléctricos por todas partes), mal maquillada (tus fachadas desmoronadas),
descalza (tus calles y veredas desniveladas), la cara triste (tus Indios pobres
que son la resignación personificada), descuidada (tu basura sin recoger), ¿en
que te has convertido?
Pero sin embargo tienes
hermosos vestigios. Mantienes en buen estado tu catedral y tus iglesias
coloridas. Tu plaza mayor es alegre y animada, ella es tu bella sonrisa.
Y sobre todo, has vivido:
Puedes contar historias de cuando eras linda con tus museos peculiares : tu
Cabildo colonial y tus momias conmovedoras.
Salta, ya no eres “la
linda”, pero resulta evidente que lo fuiste. No te dejaremos sin
arrepentimientos.
![]() |
| Salta... con o sin colores |
El NOA
Las provincias de Salta
y Jujuy forman parte del NOA: noroeste argentino. Un mundillo en este país
inmenso donde la leche blanca de Europa se mezcla poco con el chocolate de América
precolombina.
Acá, al contrario del
resto del país, los habitantes bajaron mas de las montañas que de los barcos.
Son de tamaño promedio o pequeño, la piel como de latón, el cabello oscuro, la
nariz arqueada, los ojos alargados, con una sonrisa enigmática o una mirada melancólica,
vestidos con mucha ropa para soportar el frio o el sol.
Los indígenas o mestizos
habitan los pueblos a casas de adobe. Parecen vivir de la nada, o casi, como
sus antepasados. Discretos, callados, hablan poco. Un poco salvajes, ¿Qué
temerán?
Los que viven de su
artesanía esperan con dignidad que queramos comprarles algo. Los mas
desfavorecidos solo cuentan con la piedad: Mendigos o a lo mejor limpiabotas, o
vendedores de baratijas. No me siento muy cómodo con ellos. ¿Y recíprocamente,
que opinan de los gringos? Su apatía, su resignación quizás solo son aparentes
porque es difícil vivir en las gigantes montañas de una belleza salvaje.
Un recorrido de 500 kilómetros
ofrece un buen ejemplo de su entorno: selvas subtropicales, quebradas de
colores increíbles, con sus laderas erosionadas, erizadas de cactus, abras a
mas de 4000 metros de altura donde sopla un viento helado, puna salpicada de
vegetación rasa que pastan las vicuñas, y como gran final salares con aspecto
lunar.
salina grande
País casi desértico,
pero poblado, como lo demuestran de vez en cuando las aldeas humildes, sin
embargo dotadas de una iglesia de muñecas recién pintada, y de unos lugares de
vida social : escuela, albergue, tiendas de otros tiempos.
Si Tilcara, donde la
mayoría de las calles quedan sin asfalto, parece un pueblo que vive gracias al
turismo, al contrario, San Antonio de los Cobres da la impresión de una ciudad
fantasma.
Mas sorprendente, lejos
de toda aglomeración, un cementerio aislado, un grupo de casas de techo plano,
coronadas por una celda solar proporcionada por el Gobierno. En estos cubos con
pocas ventanillas viven campesinos dedicándose a la ganadería de burros, de
vacas, de caballos, de llamas que deambulan. El agua es escasa, pero existe ya
que permite esta vida agropecuaria asombrosa.
La calma y el silencio
son un poco opresivos. Pero volvemos a Salta por la Ruta 40 que, por tramos,
solo es una pista de pequeñas rocas que prácticamente se confunde con el cauce
del Rio Toro. Y cuando surgen las afueras de la ciudad, volvemos a ver los
carteles y los cables eléctricos desordenados, y lamentamos dejar detrás de
nosotros las inmensas extensiones que vigilan los cóndores.
jueves, 16 de febrero de 2023
UN DOMINGO EN EL CAMPO
Pampa argentina, noviembre de 2014
A sesenta kilómetros de
la capital federal, incursión en la Argentina profunda.
Juan Manuel y Ximena
nos invitaron a pasar un domingo con ellos en el campo.
A las siete y media de
la mañana, Ariel viene a recogernos a nuestro hotel. Su sentido del orgullo
nacional, de hospitalidad y de amistad hacen que nos cuide para que nos
sintamos siempre cómodos, es decir bien y en seguridad. Lo hace perfectamente.
Vamos a tomar un
autobús en la estación Once. No muy nuevo, no muy limpio. Viajamos con
representantes de la clase media y de la clase baja, mezclados. Poco a poco
dejamos la metrópolis para entrar lentamente en el campo. La parada indicada
como punto de encuentro está junto a la autopista, en un área de descanso donde
se hallan una estación de servicio y un Mc Donald’s. El aire de un decorado de
película estadounidense como en Bagdad Café.
Estoy observando las
actividades del lugar: Vendedores de asientos de jardín, de toallas de playa,
de juguetes hinchables han instalado su negocio en el borde de la rotonda. Le
consulto a Ariel quien me explica: es para los de la ciudad que vienen como
nosotros pasar el día en el campo. En cuanto a la legalidad: “Es prohibido,
pero…”
Unos autos, algunos en un
estado asombroso de deterioro, vienen abastecerse en gasolina. Un Renault 12 (¡modelo
francés de los años 70!) tiene una rueda delantera inclinada como los carros de
la Conquista del Oeste. Funciona a baja velocidad escupiendo un humo opaco.
Juan Manuel viene a
buscarnos con su Fiat nuevo. Primero vamos a ver la zona de acampada donde
Ariel venia cuando era niño pasar los domingos con sus padres. Hoy abandonada,
parece un terreno baldío. Pero se ha convertido en parque infantil, con zona de
picnic y rincón para pescar. Lo que explica el comercio de artículos de playa.
Luego atravesamos el
pueblo de Rio Lujan Campana. La mayoría de las construcciones parece hecha con
medios locales: unas paredes enlucidas, otras de ladrillo. Ninguna parece
completamente terminada. No mas que las calles (con o sin asfalto, con o sin
veredas.) Muchas tiendas como antes se encontraban en Francia. Y por todos lados:
restos de autos, cables eléctricos en desorden, una impresión de “ni hecho, ni
sin hacer.”
Llegamos a lo de Juan
Manuel en un barrio del pueblo. Nos encontramos con su esposa Ximena y
conocemos a su hija, la pequeña Oli (Olivia) nacida poco tiempo después de
nuestra primera visita. Son contentos de mostrarnos su casa. Juan Manuel explica:
“Un bungalow como en los Estados Unidos” pero pintado en azul nacional.
Luego nos amontonamos
los seis en el Fiat. Un poco apretados (es prohibido, pero…) Se trata de
participar en una fiesta rural en una estancia que acoge a turistas los fines
de semana.
En efecto, al mismo
tiempo que nosotros, llegan familias, grupos, y un autobús lleno de miembros de
un club de la tercera edad. El programa comprende: bienvenida con un desayuno,
visita de las instalaciones, paseo a caballo, folclore gauchesco, cantos y
bailes durante el almuerzo que consiste en un asado gigante.
El asado argentino es
una verdadera institución. Debajo de un quiosco cubierto de chapa cuecen
lentamente el surtido de carnes que serán compartidas: morcilla, salchicha,
pollo, bife…A veces se añade queso (provoleta) que se derrite en cazuelas. Es
la piedra de tropiezo de la reunión. Aquí sobre el tema de un domingo en el
campo para gente en busca de verde y espacio, pero con un suplemento de alma
argentina que va hacer surgir emoción. De hecho, la jornada va traer unos
momentos conmovedores.
![]() |
| Pretendo cuidar la parilla |
Primera sorpresa: Antes
de sentarse a la mesa, el dueño, ex combatiente de las Malvinas, organiza una
ceremonia de saludo a la bandera. Desfile, discurso, aclamaciones, canto: “El
himno a la bandera”. Nada de fanático, pero un orgullo patriótico que se manifiesta
con gusto en este homenaje. Una hermandad nacional real que no resulta
encontrar mucho en Francia, a pesar de ser parte del lema nacional.
Luego la comida se
sirve en mesas largas: empanadas, morcillas, salchichas, carne muy rica colocadas
sobre pequeñas parillas portátiles para cuatro. Cantidades enormes, con un poco
de lechuga como caución dietética y un helado como postre. Gaseosas, y por una
vez vino tinto.
Vamos a digerir en el
césped donde nos ponemos cómodos en sillones de jardín, alrededor de una
pequeña mesa. Como por magia aparece la termo de agua caliente. Ximena prepara
el maté que circulara de mano en mano. Las ideas también se intercambian.
Estamos bien, descansamos, disfrutamos de la amistad compartida. Un momento de
tiempo suspendido en una burbuja de espacio. Unos de nuestros comensales siguen
divirtiéndose bajo la carpa. Músicas, palabras nos llegan ensordecidas. Pero
somos sacados de nuestro medio sueño por el sorteo de la lotería, el servicio
de la merienda.
![]() |
| "Vamos a digerir con un mate" |
Como la tarde se
extiende, tenemos derecho a una segunda sorpresa, esta vez propuesta por la
dueña. Nos invita a agruparnos cerca de la entrada de la estancia donde se
erige una capilla dedicada a San Expedito. Frente a un publico atento y
recogido, improvisa un discurso hagiográfico y termine con un Ave María
dedicado a todos los que están aquí, sus familias, sus seres queridos, sin
olvidar “nuestra patria querida.” Decididamente…
Decididamente esta
nación de inmigrantes tiene dificultades para situarse en la mundialización.
Para mí, la geografía y la historia son las razones principales para explicar
esta sensación de aislamiento y complejo de inferioridad. Ariel me dice: “Somos
el culo del mundo.”
Así que el pueblo se
reúne en torno a temas federativos: el asado, la religión católica, y el fútbol.
Unidos por las cintas albicelestes de la bandera.
Para terminar el día,
Ximena nos ha dado una ultima sorpresa. Voluntaria en una asociación
humanitaria, está en contacto con una pareja de agricultores que acoja en su
explotación exconvictos recién liberados. Quiere que los conozcamos.
Al final de una pista,
un corral sombreado. Dos casas de tipo prefabricado: una para los dueños, una
para los residentes. Ya no realmente terminadas: ¡Si estamos en Argentina! Una
piscina incongruente en proceso de llenado (se acerca el verano) en la que
juegan los niños.
Un revoltijo de
herramientas, de todo y de nada… Un gallinero abarrotado, una granja donde
viven un centenar de “chanchos”, cerdas con sus lechones, una huerta… Damos la
vuelta a las instalaciones con los dueños que nos explican como trabajan.
Anacronismos.
A la ultima hora de la
tarde, volver al siglo XXI recogiendo el autobús para la capital. Despedirse de
la familia Gonzalez, luego de Ariel que nos acompaña hasta nuestro hotel, con
su atención habitual.
No pensar demasiado que
es un adiós a largo plazo para evitar caer en la emoción que nace tan
fácilmente en este país del fin del mundo.
Entrar solos en el
hotel, la cabeza llena de recuerdos frescos que el tiempo transformara en
comida congelada. Alguna vez, sacarlos y meterlos en el microondas para
probarlos de nuevo.
domingo, 5 de febrero de 2023
Encuentro con un sobreviviente (noviembre de 2014)
Cita en el café Tortoni
Mi amigo Pedro y yo no
nos hemos visto en tres años a pesar de varios proyectos de encuentros en
Europa. Fallidos pero sustituidos por intercambios de noticias electrónicas u
otras.
Me dio una cita en el
café más famoso de Buenos Aires, Tortoni. Pero hay demasiada gente, vamos al
bar Goya, un poco más allá en la avenida.
De blogger, Pedro se
convirtió en autor. Hablamos de su libro recién publicado, y otras cosas. El
tiempo vuela porque es corto. Pedro, siempre muy ocupado, debe participar en un
programa de radio a las siete. Vamos juntos caminando a una librería donde
compra un ejemplar de su propio libro, porque tiene que llevar uno al estudio y
se olvido del suyo en casa.
En la vereda, un abrazo
y un proyecto: En junio próximo, quizás tenga que venir a España para visitar a
sus hijos que viven allí. ¿Y si nos reuniéramos en el País Vasco?
Carta a Pedro
Después de leer el
libro escrito y publicado por Pedro Algorta, le envío este comentario.
Pedro
He leído “Las montañas
siguen allí.” No había entendido bien el título, pero me lo explicaste.
Desde la época
geológica, las montañas siguen inmóviles. Pero nosotros podemos caminar para
rodearlas, cruzarlas, treparlas, de una manera u otra. La analogía es evidente
y se puede fácilmente bordar sobre el tema: Si un amigo, presente físicamente o
virtualmente, nos acompaña, el camino es más fácil, más agradable.
Tu libro me atrapo.
Pero no me sorprendió porque te encontré como te conozco: Determinado y activo.
Sincero, a veces hasta ser abrupto. Observando y analizando con la necesaria
perspectiva para comprender y explicar. (cf. p 174: Los que me conocen saben
que esa toma de distancia ha sido parte constante en mi vida.)
Lo que no impide la
emoción contenida de reflejarse entre las líneas.
![]() |
| Pedro firmando su dedicatoria |
" Para mis queridos Armand y Cristine, en homenaje a nuestra amistad y en agradecimiento por tanto apoyo y acompañamiento.
Un abrazo grande."
domingo, 29 de enero de 2023
POSTALES DE BUENOS AIRES
Reajustarse
Como cada vez, al
tercer día, te sientes mejor. Los hábitos se recuperan rápidamente. Las
medialunas del desayuno, el teclado confuso de la compu pronto se vuelven
familiares.
Reajustarse, también es
volver en un lugar ya conocido sólo para averiguar si es como te lo recuerdas,
para el placer de visitarlo de nuevo.
Decidir por ejemplo de
dar un paseo a lo largo del Rio de la Plata. Evaluar más fácilmente el
recorrido, la distancia.
Pasear por las dársenas de Puerto Madero, cruzar el barrio de los rascacielos. Llegar a la orilla del rio invadido de cañas que una maquina extraña está segando.
![]() |
| Puerto Madero |
![]() |
| La Costanera |
Entrar en la Costanera, la reserva ecológica y, mirando atrás, notar que los edificios de vidrio no se reflejan en el rio, pero parecen darlo la espalda desdeñosamente.
Disfrutar de la
tranquilidad del lugar, de la sombra, del viento ligero.
Aquí Buenos Aires
justifica su nombre.
Regresar y volver a ver
Volver a ver… gente:
Encontrarse casi por azar con Vicky la joven abogada. Almorzar juntos
compartiendo una pizza enorme con Hugo y Ariel que se reúnen con nosotros.
Retomar la conversación como si tres años no hubieran pasado.
Volver a ver… lugares:
Dar un largo paseo por el Centro para llegar a la Plaza de Mayo donde todo
confluye. La Casa Rosada muestra su fachada de opereta, el Cabildo frente a
ella parece reducido. El banco central de la Nación y la Catedral Metropolitana
los aplastan con sus columnas enormes, sus peristilos, sus frontispicios.
![]() |
| un rincon de la Plaza de Mayo |
![]() |
| el balcon de la Casa Rosada |
Seguir hasta San Telmo
para pasar por el Casco Antiguo. Sin el mercado de los domingos el barrio es
menos colorido, parece más deteriorado. No quedarse. Volver por la Avenida Colón
bordeando el puerto para buscar una calma relativa, o sea ver y oír el tráfico
un poco más allá.
Notar que los
colectivos abigarrados, dispares, muy numerosos corren sin frenar, que los
autos tocan la bocina, que los peatones, apurándose, cruzan las calles
extremadamente anchas, como impulsados en un tango que de repente acelera con
semicorcheas.
Otros paseos urbanos
Caminar por las veredas en Buenos Aires: eso es como constantemente prestar atención a una sucesión de obstáculos. Losas desunidas, zanjas mal llenadas, pozos de visita tapados o sin tapa, diferencias de nivel y por la noche montones de bolsas de basura destripadas porque manipuladas por los cartoneros que trabajan según una organización bien establecida.
Mas formalmente, unos
equipos de obreros también trabajan, cavando aquí, rellenando allá, en
cualquier hora: en 9 de Julio, una obra se pone en marcha a las nueve de la
noche.
Pero los Porteños pasan
sin darse cuenta de nada, sin parecer incomodos. Tampoco lo son por el ruido
infernal del tráfico, ni por el jaleo de la gente en las terrazas de los bares.
Aquí no se toma un aperitivo como en Francia, con o sin tapas, pero se reúne
para picar, es decir comer cualquier cosa bebiendo cervezas, refrescos, o a
veces vino. Especialmente los ejecutivos, vestidos de una camisa blanca o de
tono claro, a menudo con una corbata y un pantalón oscuro cayendo sobre los
zapatos impecables, atraviesan imperturbablemente este entorno, llevando sus
carteras.
Recorrer las calles peatonales:
Florida la principal o Lavalle por ejemplo, puede ser muy pesado. Cada diez
metros, te detiene una persona de pie, inmóvil delante de un escaparate,
repitiendo sin cesar y como un autómata: “cambio, cambio, cambio”. O de manera más
personal, cantando en dos notas: “Dólares, euros, reales, ¡cambio!” Se trata de comprar pesos argentinos debajo
de la mesa. De hecho, así la tasa es mucho mas interesante que con el curso
oficial. Si contestas al ojeador, te lleva en un lugar discreto donde el
negocio se pasa sin problema.
Otros, armados con
carteles, detectan a los turistas para proponerles un espectáculo (¡Tango
Show!) o una excursión. (Tigre…) Intentan hablar inglés, u otro idioma, a veces
equivocándose. Un día, como llevo una camiseta marcada con la inscripción “Sao
Paulo”, uno cree que soy brasileño y me habla portugués. ¡Me hubiera gustado
ser forrado de dinero, como el personaje de la opereta de Offenbach “La Vie
Parisienne!”
miércoles, 18 de enero de 2023
2014 : VOLVER
Volver: Tres años más tarde
Volver a la Argentina,
aterrizar de nuevo en Buenos Aires era estar seguro sentir una sensación de
"déjà vu", de "ya experimentado."
Primero el viaje de ida:
las etapas francesas desde la casa hasta el aeropuerto de Roissy, luego un
largo vuelo nocturno: una noche incomoda, de vigilia y vago sueño, una mañana
extraña. Por ultimo la llegada a Ezeiza, vivida como supuesta: el control de la policía
cauteloso y el de la aduana caprichoso.
Un poco de vacilación
en el momento de salir. El servicio de transportes de la Tienda León al centro:
una hora de viaje, bastante para sorprenderse ante el verde primaveral de la vegetación,
inesperado para nosotros que venimos del otoño boreal, y sobre todo los
estereotipos de Buenos Aires como una presentación de la ciudad: edificios
precarios, barrios variopintos, casas de ladrillo que no fueron y nunca serán
enlucidas, viejas camionetas Ford o Dodge, ruido del tráfico. Para compensar,
las primeras flores de los jacarandás: de momento sólo unos toques tímidos del
azul malva incomparable cuando estalla.
Regresar al hotel Tres
Sargentos e instalarse con una facilidad desconcertante. Notar que las calles
del barrio, sus tiendas, sus cafés apenas han cambiado. El quiosco conocido
siempre está en la esquina de Córdoba con el locutorio al lado.
![]() |
¡Bueno! Las muñecas
rusas han sido abiertas hasta la última:
El avión para cruzar el
Atlántico y cambiar de hemisferio
Ezeiza
Buenos Aires
El barrio de Retiro
El hotel Tres Sargentos
Bien alineados, los
puntos de referencia están colocados.
Volver
a San Telmo
El mercado de San Telmo
un domingo por la mañana.
El mismo tiempo
luminoso que tres años antes en la misma época. (a principios de noviembre.)
A lo largo de Defensa,
con su pavimento irregular, sus fachadas destartaladas, los mismos vendedores
de recuerdos, cachivaches, ropa, objetos de antigüedades o de segunda mano.
En la esquina de México,
el mismo restaurante francés “La Pétanque.” Luego, al final de la calle, la
misma plaza Dorrego. La misma muchedumbre, las mismas melodías.
De repente ¡Increíble!
¡Son ellos! En el mismo lugar, en la
misma decoración. La misma pareja de ancianos bailando un tango, como los había
visto la primera vez.
“Elegantes y
patéticos.” El calificativo que les había atribuido me viene a la mente, la
misma emoción se apodera de mí.
“Volver… con la frente
marchita…” Nunca para mi la letra de este tango obsesivo ha sido tan bien
ilustrada. Están un poco mas marchitos, un poco mas cansados. La señora esta
sentada en una silla al borde de la pista de baile, su galán realiza algunos
pasos de baile con una joven turista.
Esta vez, echo un
billete en el sombrero.
UNOS DIAS EN URUGUAY
Unos días en Uruguay Ir a Uruguay es un poco como volver al pasado. En este pequeño país cuya decoración a menudo anticuada evoca ma...
-
14 de Julio de 2015 Place de la Libération à Auch, Gers, France Tengo una cita con Pedro en la plaza de la Liberación en Auch, donde...
-
Prólogo Cuando vives en un pequeño fin del mundo, ¿qué puede hacerte querer ir a descubrir otro ? Mi nombre es Armand, soy Francés y vivo ...
-
NUNCA DOS SIN TRES Noviembre de 2017: Tercer viaje a América Latina, principal destino: Argentina. El año ha sido penoso, marcado por ...




















