lunes, 15 de mayo de 2023

IREMOS A VALPARAISO

Iremos a Valparaiso 

Un rincon del Pacifico desde las alturas de Valparaiso



 En Viña del mar descubro -por fin- el Pacífico. Primero a la vuelta de una curva, una medialuna de agua entre cielo y tierra. Impresión fugaz. Hoy lleva bien su nombre: una bahía azul oscuro bajo un cielo claro, un poco de espuma blanca, rocas negras, y pelicanos. El paisaje mas vasto que devoro con los ojos solo es una ínfima parte del océano mas grande del planeta, desproporcionado con la inmensidad sugerida por los planisferios y los globos terráqueos. Solo la línea perfecta del horizonte indica que los barcos tranquilamente amarrados o en maniobra pueden venir de muy lejos o partir para una larga travesía, hacia el oeste, el norte o el sur. Viña del mar, Valparaíso: gemelas. La primera, mas joven, es balnearia, turística. El paseo marítimo es rodeado en un lado de hoteles, restaurantes, edificios modernos, y en el otro de playas delgadas donde alternan arena y rocas. Palmeras. Un aire de “Côte d’Azur” francesa y de California mezcladas. Luego aparece Valparaíso, mítico en su anfiteatro donde las construcciones se amontonan desordenadas. Cubos de madera y lata, conectados por escaleras, calles derechas y en cuesta como en San Francisco, o muy sinuosas. Los famosos ascensores, en realidad pequeños funiculares, y por supuesto cables eléctricos en todas direcciones. Todo eso manchado de una vigorosa vegetación. Vista de abajo, la ciudad parece un cuadro ingenuo. Todo se atropella, se enreda, se superpone: un rompecabezas en construcción. Colores, formas, colecciones de piezas sin conectar. Vista de arriba, las casas caen hacia el puerto donde la vista se va ampliando. Tres grúas inmensas para maniobrar los apilamientos de contenedores, una noria de camiones de remolque listos para cargarlos. Mas lejos, un muelle donde se amarran tres oscuros buques de la Armada, vigilados por el elegante museo naval. Desde una terraza en un alto lugar, las proporciones cambian. El puerto parece una maqueta, los camiones y los barcos son como juguetes. Los colores vivos se realzan mutualmente: los verdes, los rojos, los amarillos. Y la gama de los azules. Nuestro guía Gustavo nos hizo tomar un funicular, solo por diversión: ida y vuelta. Se siente orgulloso de contar a la señora encargada de la taquilla y del funcionamiento que muestra la ciudad a sus amigos franceses. Amable e interesada, como la mayoría de la gente que encontramos, nos expresa su admiración por Francia y Paris y, algo inquieta, nos pregunta cuales son nuestras impresiones de turistas. La tranquilizamos explicándola nuestro entusiasmo. Sorprendida y contenta, resume admirablemente la ciudad con esas tres palabras: “Es feo, pero…”

jueves, 6 de abril de 2023

A CHILE

 

Cruzar la frontera argentino-chilena

Cruce fronterizo Argentino-Chileno en el corazon de los Andes


 

Salir de Mendoza. Tomar un autobús Andesmar, disfrutar de sus comodidades: asiento anchos y suaves, vista panorámica, azafato.

A poco de la salida de la ciudad, acercarse a las montañas. Reconocer el Aconcagua cubierto de nieve. Subir hasta el puerto donde se encuentra el puesto fronterizo.

Realizar los trámites esperando en la fila a las taquillas de la policía, de la aduana. Volver al autobús y empezar el descenso por una carretera muy sinuosa y vertiginosa. Seguir la orilla del torrente de aguas fangosas, luego llegar al valle alargado donde el paisaje se vuelve menos mineral.

Entrar paulatinamente en la capital cruzando los paisajes clásicos de todas las grandes metrópolis: autopista congestionada, zonas industriales o comerciales. Llegar a la terminal de autobuses recalentada, ruidosa, abarrotada.

Encontrar un taxi, tránsito una y otra vez.  Irse a un hotel, deshacer las valijas, informarse: cumplir los mismos ritos en cada etapa. Luego partir a descubrir el barrio: Cruzar la Alameda, la calle más grande de la capital, a las dimensiones… americanas. Saludar, de paso, la estatua ecuestre del libertador nacional, Bernardo O’Higgins.

La muchedumbre, el tráfico, un puente sobre el rio Mapocho que corriendo atraviesa la ciudad, recordando que los Andes cuyas cumbres se perciben están cercanas.

La noche desciende sobre Santiago, se encienden las luces.



La hospitalidad a la chilena I

 

Gustavo vive cerca de Valparaíso. Gracias a la página Facebook del grupo Re-Viven del que forma parte como yo, se enteró de mi proyecto de visitar su ciudad. Pues se pone en contacto conmigo para proponerme ser nuestra guía.

Hoy jubilado de la FACH (Fuerza Aérea Chilena), fue en 1973, a los veinticuatro años, copiloto del helicóptero que fue al lugar del accidente para recuperar el grupo de personas encargado de limpiar el sitio y enterrar los restos humanos. Más de cuarenta años han pasado pero los recuerdos que Gustavo evoca con moderación y emoción son precisos y vivaces.

Primero nos encontramos en nuestro hotel. Gustavo es alegre, atento, y proporciona datos precisos para que nos reunamos por la mañana siguiente en Quilpué, donde vive.

Efectivamente, a la hora fijada, nos espera en la parada de autobuses y nos lleva en su auto. Se nota inmediatamente que lo organizó todo y que va a hacer todo lo posible para que pasemos un gran día.

Primera etapa en su casa donde nos espera un desayuno:café, té, mermelada casera, ensalada de fruta fresca… Luego nos enseña su casa. Hoy, está solo. Su esposa María Luz cuida a sus nietos en Santiago. La vivienda parece de los años setenta: techo plano, marcos metálicos. Es acogedora, llena de recuerdos de todos tipos, de fotos familiares. Cada objeto – o casi- da lugar a una anécdota, una explicación que escuchamos complacientemente. Testigos de una vida que se cuenta así, ni extraordinaria ni común, con sus imprevistos, sus obstáculos y sus gratificaciones.

Luego las etapas se encadenan: el paseo marítimo, la casa de Pablo Neruda en las alturas de la ciudad, los miradores sobre la bahía, los ascensores, el almuerzo tardío, abundante, amigable, muy rico.

Con Gustavo frente a la casa de Pablo Neruda

 

Brindamos por el encuentro, por la amistad… con un Pisco sour, el aperitivo nacional. Después, un paseo para digerir. La playa, los pies en la arena y en el agua fresca del Pacifico.

Ultima atención: Gustavo nos regala un helado, diciendo: “Siempre hay lugar para el postre.” Y a fines de la tarde nos despedimos en la terminal de autobuses de donde volvemos a Santiago porque el día no ha terminado. Un segundo episodio de la hospitalidad a la chilena nos espera.


jueves, 9 de marzo de 2023

A LOS ANDES

 Realizar excursiones


Rolland es francés y vive en Salta donde pasea a turistas en su 4X4. Lo elegimos como guía, solo para nosotros por dos días. Nos preparó un “tour” en las provincias de Salta y Jujuy, en los confines de Bolivia. Palabras como selva, puna, quebrada, salar… se harán tangibles.


En el camino: paradas, visitas… Descubrimos, nos extasiamos. Los paisajes son grandiosos, con bellas panorámicas, detalles interesantes.


Hay que saber observar, formular hipótesis, movilizar sus conocimientos para interpretar: un enfoque aprendido y enseñado en la escuela pero aquí adoptado deliberadamente : detenerse en lo nuevo, en lo que sorprende o divierte, sin priorizar el interés de las esferas de conocimiento, pasar de la botánica a la economía, luego a la geología…

¡No viajar tonto!


Salta… ¿la linda?

 

Salta, el calificativo que te dimos ya no es actualidad.

Prima hermana provincial de Buenos Aires, pareces una mujer que se deja llevar, como en la canción de Charles Aznavour.

Queremos decirte nuestra decepción, nuestro desamor.

Despeinada (tus cables eléctricos por todas partes), mal maquillada (tus fachadas desmoronadas), descalza (tus calles y veredas desniveladas), la cara triste (tus Indios pobres que son la resignación personificada), descuidada (tu basura sin recoger), ¿en que te has convertido?

Pero sin embargo tienes hermosos vestigios. Mantienes en buen estado tu catedral y tus iglesias coloridas. Tu plaza mayor es alegre y animada, ella es tu bella sonrisa.

Y sobre todo, has vivido: Puedes contar historias de cuando eras linda con tus museos peculiares : tu Cabildo colonial y tus momias conmovedoras.

Salta, ya no eres “la linda”, pero resulta evidente que lo fuiste. No te dejaremos sin arrepentimientos.


Salta... con o sin colores




 


El NOA

 

Las provincias de Salta y Jujuy forman parte del NOA: noroeste argentino. Un mundillo en este país inmenso donde la leche blanca de Europa se mezcla poco con el chocolate de América precolombina.

Acá, al contrario del resto del país, los habitantes bajaron mas de las montañas que de los barcos. Son de tamaño promedio o pequeño, la piel como de latón, el cabello oscuro, la nariz arqueada, los ojos alargados, con una sonrisa enigmática o una mirada melancólica, vestidos con mucha ropa para soportar el frio o el sol.

Los indígenas o mestizos habitan los pueblos a casas de adobe. Parecen vivir de la nada, o casi, como sus antepasados. Discretos, callados, hablan poco. Un poco salvajes, ¿Qué temerán?

Los que viven de su artesanía esperan con dignidad que queramos comprarles algo. Los mas desfavorecidos solo cuentan con la piedad: Mendigos o a lo mejor limpiabotas, o vendedores de baratijas. No me siento muy cómodo con ellos. ¿Y recíprocamente, que opinan de los gringos? Su apatía, su resignación quizás solo son aparentes porque es difícil vivir en las gigantes montañas de una belleza salvaje.

Un recorrido de 500 kilómetros ofrece un buen ejemplo de su entorno: selvas subtropicales, quebradas de colores increíbles, con sus laderas erosionadas, erizadas de cactus, abras a mas de 4000 metros de altura donde sopla un viento helado, puna salpicada de vegetación rasa que pastan las vicuñas, y como gran final salares con aspecto lunar.

salina grande




País casi desértico, pero poblado, como lo demuestran de vez en cuando las aldeas humildes, sin embargo dotadas de una iglesia de muñecas recién pintada, y de unos lugares de vida social : escuela, albergue, tiendas de otros tiempos.

Si Tilcara, donde la mayoría de las calles quedan sin asfalto, parece un pueblo que vive gracias al turismo, al contrario, San Antonio de los Cobres da la impresión de una ciudad fantasma.

Mas sorprendente, lejos de toda aglomeración, un cementerio aislado, un grupo de casas de techo plano, coronadas por una celda solar proporcionada por el Gobierno. En estos cubos con pocas ventanillas viven campesinos dedicándose a la ganadería de burros, de vacas, de caballos, de llamas que deambulan. El agua es escasa, pero existe ya que permite esta vida agropecuaria asombrosa.

La calma y el silencio son un poco opresivos. Pero volvemos a Salta por la Ruta 40 que, por tramos, solo es una pista de pequeñas rocas que prácticamente se confunde con el cauce del Rio Toro. Y cuando surgen las afueras de la ciudad, volvemos a ver los carteles y los cables eléctricos desordenados, y lamentamos dejar detrás de nosotros las inmensas extensiones que vigilan los cóndores.

jueves, 16 de febrero de 2023

UN DOMINGO EN EL CAMPO

 Pampa argentina, noviembre de 2014


 

A sesenta kilómetros de la capital federal, incursión en la Argentina profunda.

Juan Manuel y Ximena nos invitaron a pasar un domingo con ellos en el campo.

A las siete y media de la mañana, Ariel viene a recogernos a nuestro hotel. Su sentido del orgullo nacional, de hospitalidad y de amistad hacen que nos cuide para que nos sintamos siempre cómodos, es decir bien y en seguridad. Lo hace perfectamente.

Vamos a tomar un autobús en la estación Once. No muy nuevo, no muy limpio. Viajamos con representantes de la clase media y de la clase baja, mezclados. Poco a poco dejamos la metrópolis para entrar lentamente en el campo. La parada indicada como punto de encuentro está junto a la autopista, en un área de descanso donde se hallan una estación de servicio y un Mc Donald’s. El aire de un decorado de película estadounidense como en Bagdad Café.

Estoy observando las actividades del lugar: Vendedores de asientos de jardín, de toallas de playa, de juguetes hinchables han instalado su negocio en el borde de la rotonda. Le consulto a Ariel quien me explica: es para los de la ciudad que vienen como nosotros pasar el día en el campo. En cuanto a la legalidad: “Es prohibido, pero…”

Unos autos, algunos en un estado asombroso de deterioro, vienen abastecerse en gasolina. Un Renault 12 (¡modelo francés de los años 70!) tiene una rueda delantera inclinada como los carros de la Conquista del Oeste. Funciona a baja velocidad escupiendo un humo opaco.

Juan Manuel viene a buscarnos con su Fiat nuevo. Primero vamos a ver la zona de acampada donde Ariel venia cuando era niño pasar los domingos con sus padres. Hoy abandonada, parece un terreno baldío. Pero se ha convertido en parque infantil, con zona de picnic y rincón para pescar. Lo que explica el comercio de artículos de playa.

Luego atravesamos el pueblo de Rio Lujan Campana. La mayoría de las construcciones parece hecha con medios locales: unas paredes enlucidas, otras de ladrillo. Ninguna parece completamente terminada. No mas que las calles (con o sin asfalto, con o sin veredas.) Muchas tiendas como antes se encontraban en Francia. Y por todos lados: restos de autos, cables eléctricos en desorden, una impresión de “ni hecho, ni sin hacer.”

Llegamos a lo de Juan Manuel en un barrio del pueblo. Nos encontramos con su esposa Ximena y conocemos a su hija, la pequeña Oli (Olivia) nacida poco tiempo después de nuestra primera visita. Son contentos de mostrarnos su casa. Juan Manuel explica: “Un bungalow como en los Estados Unidos” pero pintado en azul nacional.

Luego nos amontonamos los seis en el Fiat. Un poco apretados (es prohibido, pero…) Se trata de participar en una fiesta rural en una estancia que acoge a turistas los fines de semana.

En efecto, al mismo tiempo que nosotros, llegan familias, grupos, y un autobús lleno de miembros de un club de la tercera edad. El programa comprende: bienvenida con un desayuno, visita de las instalaciones, paseo a caballo, folclore gauchesco, cantos y bailes durante el almuerzo que consiste en un asado gigante.

El asado argentino es una verdadera institución. Debajo de un quiosco cubierto de chapa cuecen lentamente el surtido de carnes que serán compartidas: morcilla, salchicha, pollo, bife…A veces se añade queso (provoleta) que se derrite en cazuelas. Es la piedra de tropiezo de la reunión. Aquí sobre el tema de un domingo en el campo para gente en busca de verde y espacio, pero con un suplemento de alma argentina que va hacer surgir emoción. De hecho, la jornada va traer unos momentos conmovedores.

Pretendo cuidar la parilla



Primera sorpresa: Antes de sentarse a la mesa, el dueño, ex combatiente de las Malvinas, organiza una ceremonia de saludo a la bandera. Desfile, discurso, aclamaciones, canto: “El himno a la bandera”. Nada de fanático, pero un orgullo patriótico que se manifiesta con gusto en este homenaje. Una hermandad nacional real que no resulta encontrar mucho en Francia, a pesar de ser parte del lema nacional.

Luego la comida se sirve en mesas largas: empanadas, morcillas, salchichas, carne muy rica colocadas sobre pequeñas parillas portátiles para cuatro. Cantidades enormes, con un poco de lechuga como caución dietética y un helado como postre. Gaseosas, y por una vez vino tinto.



Vamos a digerir en el césped donde nos ponemos cómodos en sillones de jardín, alrededor de una pequeña mesa. Como por magia aparece la termo de agua caliente. Ximena prepara el maté que circulara de mano en mano. Las ideas también se intercambian. Estamos bien, descansamos, disfrutamos de la amistad compartida. Un momento de tiempo suspendido en una burbuja de espacio. Unos de nuestros comensales siguen divirtiéndose bajo la carpa. Músicas, palabras nos llegan ensordecidas. Pero somos sacados de nuestro medio sueño por el sorteo de la lotería, el servicio de la merienda.


"Vamos a digerir con un mate"


Como la tarde se extiende, tenemos derecho a una segunda sorpresa, esta vez propuesta por la dueña. Nos invita a agruparnos cerca de la entrada de la estancia donde se erige una capilla dedicada a San Expedito. Frente a un publico atento y recogido, improvisa un discurso hagiográfico y termine con un Ave María dedicado a todos los que están aquí, sus familias, sus seres queridos, sin olvidar “nuestra patria querida.” Decididamente…

Decididamente esta nación de inmigrantes tiene dificultades para situarse en la mundialización. Para mí, la geografía y la historia son las razones principales para explicar esta sensación de aislamiento y complejo de inferioridad. Ariel me dice: “Somos el culo del mundo.”

Así que el pueblo se reúne en torno a temas federativos: el asado, la religión católica, y el fútbol. Unidos por las cintas albicelestes de la bandera.

Para terminar el día, Ximena nos ha dado una ultima sorpresa. Voluntaria en una asociación humanitaria, está en contacto con una pareja de agricultores que acoja en su explotación exconvictos recién liberados. Quiere que los conozcamos.

Al final de una pista, un corral sombreado. Dos casas de tipo prefabricado: una para los dueños, una para los residentes. Ya no realmente terminadas: ¡Si estamos en Argentina! Una piscina incongruente en proceso de llenado (se acerca el verano) en la que juegan los niños.

Un revoltijo de herramientas, de todo y de nada… Un gallinero abarrotado, una granja donde viven un centenar de “chanchos”, cerdas con sus lechones, una huerta… Damos la vuelta a las instalaciones con los dueños que nos explican como trabajan. Anacronismos.

A la ultima hora de la tarde, volver al siglo XXI recogiendo el autobús para la capital. Despedirse de la familia Gonzalez, luego de Ariel que nos acompaña hasta nuestro hotel, con su atención habitual.

No pensar demasiado que es un adiós a largo plazo para evitar caer en la emoción que nace tan fácilmente en este país del fin del mundo.

Entrar solos en el hotel, la cabeza llena de recuerdos frescos que el tiempo transformara en comida congelada. Alguna vez, sacarlos y meterlos en el microondas para probarlos de nuevo.

 

 


domingo, 5 de febrero de 2023

Encuentro con un sobreviviente (noviembre de 2014)

Cita en el café Tortoni

Mi amigo Pedro y yo no nos hemos visto en tres años a pesar de varios proyectos de encuentros en Europa. Fallidos pero sustituidos por intercambios de noticias electrónicas u otras.

Me dio una cita en el café más famoso de Buenos Aires, Tortoni. Pero hay demasiada gente, vamos al bar Goya, un poco más allá en la avenida.



De blogger, Pedro se convirtió en autor. Hablamos de su libro recién publicado, y otras cosas. El tiempo vuela porque es corto. Pedro, siempre muy ocupado, debe participar en un programa de radio a las siete. Vamos juntos caminando a una librería donde compra un ejemplar de su propio libro, porque tiene que llevar uno al estudio y se olvido del suyo en casa.

En la vereda, un abrazo y un proyecto: En junio próximo, quizás tenga que venir a España para visitar a sus hijos que viven allí. ¿Y si nos reuniéramos en el País Vasco?


Carta a Pedro

Después de leer el libro escrito y publicado por Pedro Algorta, le envío este comentario.

Pedro

He leído “Las montañas siguen allí.” No había entendido bien el título, pero me lo explicaste.

Desde la época geológica, las montañas siguen inmóviles. Pero nosotros podemos caminar para rodearlas, cruzarlas, treparlas, de una manera u otra. La analogía es evidente y se puede fácilmente bordar sobre el tema: Si un amigo, presente físicamente o virtualmente, nos acompaña, el camino es más fácil, más agradable.

Tu libro me atrapo. Pero no me sorprendió porque te encontré como te conozco: Determinado y activo. Sincero, a veces hasta ser abrupto. Observando y analizando con la necesaria perspectiva para comprender y explicar. (cf. p 174: Los que me conocen saben que esa toma de distancia ha sido parte constante en mi vida.)

Lo que no impide la emoción contenida de reflejarse entre las líneas.

Pedro firmando su dedicatoria

 

" Para mis queridos Armand y Cristine, en homenaje a nuestra amistad y en agradecimiento por tanto apoyo y acompañamiento.

Un abrazo grande."







domingo, 29 de enero de 2023

POSTALES DE BUENOS AIRES

 

Reajustarse

 

Como cada vez, al tercer día, te sientes mejor. Los hábitos se recuperan rápidamente. Las medialunas del desayuno, el teclado confuso de la compu pronto se vuelven familiares.

Reajustarse, también es volver en un lugar ya conocido sólo para averiguar si es como te lo recuerdas, para el placer de visitarlo de nuevo.

Decidir por ejemplo de dar un paseo a lo largo del Rio de la Plata. Evaluar más fácilmente el recorrido, la distancia.

Pasear por las dársenas de Puerto Madero, cruzar el barrio de los rascacielos. Llegar a la orilla del rio invadido de cañas que una maquina extraña está segando.


Puerto Madero

La Costanera

Entrar en la Costanera, la reserva ecológica y, mirando atrás, notar que los edificios de vidrio no se reflejan en el rio, pero parecen darlo la espalda desdeñosamente.



 

Disfrutar de la tranquilidad del lugar, de la sombra, del viento ligero.

Aquí Buenos Aires justifica su nombre.


Regresar y volver a ver

 

Volver a ver… gente: Encontrarse casi por azar con Vicky la joven abogada. Almorzar juntos compartiendo una pizza enorme con Hugo y Ariel que se reúnen con nosotros. Retomar la conversación como si tres años no hubieran pasado.

 

Volver a ver… lugares: Dar un largo paseo por el Centro para llegar a la Plaza de Mayo donde todo confluye. La Casa Rosada muestra su fachada de opereta, el Cabildo frente a ella parece reducido. El banco central de la Nación y la Catedral Metropolitana los aplastan con sus columnas enormes, sus peristilos, sus frontispicios.

un rincon de la Plaza de Mayo


el balcon de la Casa Rosada
                                                                                             

Seguir hasta San Telmo para pasar por el Casco Antiguo. Sin el mercado de los domingos el barrio es menos colorido, parece más deteriorado. No quedarse. Volver por la Avenida Colón bordeando el puerto para buscar una calma relativa, o sea ver y oír el tráfico un poco más allá.

Notar que los colectivos abigarrados, dispares, muy numerosos corren sin frenar, que los autos tocan la bocina, que los peatones, apurándose, cruzan las calles extremadamente anchas, como impulsados en un tango que de repente acelera con semicorcheas.


Otros paseos urbanos

 

Caminar por las veredas en Buenos Aires: eso es como constantemente prestar atención a una sucesión de obstáculos. Losas desunidas, zanjas mal llenadas, pozos de visita tapados o sin tapa, diferencias de nivel y por la noche montones de bolsas de basura destripadas porque manipuladas por los cartoneros que trabajan según una organización bien establecida.


una vereda comun 

Mas formalmente, unos equipos de obreros también trabajan, cavando aquí, rellenando allá, en cualquier hora: en 9 de Julio, una obra se pone en marcha a las nueve de la noche.

Pero los Porteños pasan sin darse cuenta de nada, sin parecer incomodos. Tampoco lo son por el ruido infernal del tráfico, ni por el jaleo de la gente en las terrazas de los bares. Aquí no se toma un aperitivo como en Francia, con o sin tapas, pero se reúne para picar, es decir comer cualquier cosa bebiendo cervezas, refrescos, o a veces vino. Especialmente los ejecutivos, vestidos de una camisa blanca o de tono claro, a menudo con una corbata y un pantalón oscuro cayendo sobre los zapatos impecables, atraviesan imperturbablemente este entorno, llevando sus carteras.

 

Recorrer las calles peatonales: Florida la principal o Lavalle por ejemplo, puede ser muy pesado. Cada diez metros, te detiene una persona de pie, inmóvil delante de un escaparate, repitiendo sin cesar y como un autómata: “cambio, cambio, cambio”. O de manera más personal, cantando en dos notas: “Dólares, euros, reales, ¡cambio!”  Se trata de comprar pesos argentinos debajo de la mesa. De hecho, así la tasa es mucho mas interesante que con el curso oficial. Si contestas al ojeador, te lleva en un lugar discreto donde el negocio se pasa sin problema.

Otros, armados con carteles, detectan a los turistas para proponerles un espectáculo (¡Tango Show!) o una excursión. (Tigre…) Intentan hablar inglés, u otro idioma, a veces equivocándose. Un día, como llevo una camiseta marcada con la inscripción “Sao Paulo”, uno cree que soy brasileño y me habla portugués. ¡Me hubiera gustado ser forrado de dinero, como el personaje de la opereta de Offenbach “La Vie Parisienne!”


miércoles, 18 de enero de 2023

2014 : VOLVER

 

Volver: Tres años más tarde

 

Volver a la Argentina, aterrizar de nuevo en Buenos Aires era estar seguro sentir una sensación de "déjà vu", de "ya experimentado."

Primero el viaje de ida: las etapas francesas desde la casa hasta el aeropuerto de Roissy, luego un largo vuelo nocturno: una noche incomoda, de vigilia y vago sueño, una mañana extraña. Por ultimo la llegada a Ezeiza, vivida como supuesta: el control de la policía cauteloso y el de la aduana caprichoso.

Un poco de vacilación en el momento de salir. El servicio de transportes de la Tienda León al centro: una hora de viaje, bastante para sorprenderse ante el verde primaveral de la vegetación, inesperado para nosotros que venimos del otoño boreal, y sobre todo los estereotipos de Buenos Aires como una presentación de la ciudad: edificios precarios, barrios variopintos, casas de ladrillo que no fueron y nunca serán enlucidas, viejas camionetas Ford o Dodge, ruido del tráfico. Para compensar, las primeras flores de los jacarandás: de momento sólo unos toques tímidos del azul malva incomparable cuando estalla.

Regresar al hotel Tres Sargentos e instalarse con una facilidad desconcertante. Notar que las calles del barrio, sus tiendas, sus cafés apenas han cambiado. El quiosco conocido siempre está en la esquina de Córdoba con el locutorio al lado.

El kiosco familiar en la esquina Cordoba y Reconquista



¡Bueno! Las muñecas rusas han sido abiertas hasta la última:

El avión para cruzar el Atlántico y cambiar de hemisferio

Ezeiza

Buenos Aires

El barrio de Retiro

El hotel Tres Sargentos

 

Bien alineados, los puntos de referencia están colocados.




Volver a San Telmo

 

El mercado de San Telmo un domingo por la mañana.

El mismo tiempo luminoso que tres años antes en la misma época. (a principios de noviembre.)

A lo largo de Defensa, con su pavimento irregular, sus fachadas destartaladas, los mismos vendedores de recuerdos, cachivaches, ropa, objetos de antigüedades o de segunda mano.

En la esquina de México, el mismo restaurante francés “La Pétanque.” Luego, al final de la calle, la misma plaza Dorrego. La misma muchedumbre, las mismas melodías.

De repente ¡Increíble! ¡Son ellos!  En el mismo lugar, en la misma decoración. La misma pareja de ancianos bailando un tango, como los había visto la primera vez.

“Elegantes y patéticos.” El calificativo que les había atribuido me viene a la mente, la misma emoción se apodera de mí.

“Volver… con la frente marchita…” Nunca para mi la letra de este tango obsesivo ha sido tan bien ilustrada. Están un poco mas marchitos, un poco mas cansados. La señora esta sentada en una silla al borde de la pista de baile, su galán realiza algunos pasos de baile con una joven turista.

Esta vez, echo un billete en el sombrero.




 Tres años mas tarde... los mismos

UNOS DIAS EN URUGUAY

  Unos días en Uruguay   Ir a Uruguay es un poco como volver al pasado. En este pequeño país cuya decoración a menudo anticuada evoca ma...